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jueves, 3 de junio de 2010

40. La Edad Oscura. (Primera Parte)


Mapa nº 1: Invasiones Bárbaras, siglo V.



En anteriores publicaciones de la etiqueta "Historia" ensayé sobre el inicio de la Edad Media (artículos 10, 17 y 28), sobre posturas historiográficas, visiones clásicas confrontadas (a veces refutadas) y analicé, desde la teoría que sostengo como forma de análisis, las posibles claves a tener en cuenta para una explicación distinta del problema. Avancemos un poco más.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente (oficialmente en el 476, y extraoficialmente con el principio del fin en la derrota de Adrianópolis en 378) o al menos de sus estructuras políticas, se inicia un período de transformaciones en todos los sentidos y direcciones, en la construcción de los llamados Reinos Romano-Germánicos.
La idea del presente artículo, es analizar desde la “Interpretación Bélica” los años “oscuros” del comienzo de la llamada ¿Alta Edad Media? (recuérdese que puede ser pensada en gran medida como Antigüedad Tardía por las continuidades con el período anterior, ya veremos por qué).
Situándonos en aquellos años:
Las invasiones de los llamados pueblos bárbaros[1], dejó como saldo la ocupación efectiva del Imperio Romano de Occidente por las distintas tribus germánicas. Los Vándalos, por ejemplo, habían penetrado las Galias y luego de saquear todo a su paso (de aquí viene el término “vandalismo”) hicieron lo mismo con España en los primeros años del siglo V. Finalmente con su rey (koening) Gensérico (428)[2] conquistaron el “granero del imperio”, el norte de África, en donde se establecieron en un territorio costero de más de mil kilómetros de extensión (también conquistaron las islas Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia). Otro pueblo, los Ostrogodos, se instalaron en Italia luego de derrotar a los hérulos de Odoacro[3]. Se destaca el rey Teodorico, tan respetuoso de la cultura romana que se refería al hablar de los antiguos emperadores, como Majores nostri (nuestros antepasados).
Los Visigodos (parientes cercanos de los anteriores) luego del célebre saqueo de Roma, se instalan al sur de las Galias para expandirse lentamente por España bajo el koening Eurico. Los suevos a su vez se establecen en el norte de la península Ibérica, más precisamente en la región de Galicia. Los Anglos y Sajones se sitúan en la isla de Britania abandonada por los romanos. Una característica al respecto es el rápido reemplazo del latín (idioma de los romanos) por el inglés.
Por último, los Francos dominarán el norte de las Galias al mando del legendario rey Meroveo (de donde proviene el nombre de la dinastía merovingia)[4] que luchó al lado de los romanos de Aecio contra Atila en los Campos Cataláunicos (451). Pero es con su nieto, Clodoveo (rey en el 481) que este pueblo alcanza importancia. En el 486 derrotan a Siagrio, el último Magister Miltium de las Galias o autoridad galo-romana, en Soissons. Luego vencen a los “Alamanes” en Tolbiac (496) extendiendo su soberanía hasta Basilea. También ocupan la Aquitania visigoda tras la batalla de Vovillé en donde muere Alarico II (507). Tras la muerte de Clodoveo en el 511, sus hijos conquistarán el reino Burgundio y la Provenza completando el dominio de la actual Francia.
Con este rápido panorama de Europa occidental vemos cómo el imperio quedó repartido en distintos pueblos germanos quienes más que destruir terminarán buscando el reconocimiento de Bizancio (Imperio Romano de Oriente).
Algunos de estos pueblos tendrán una vida muy corta, sobre todo cuando Justiniano “el Grande” (nacido en 483), emperador romano de oriente (527-565) envíe a sus destacados generales Belisario y Narsés a reconquistar los territorios occidentales. Así pues el reino vándalo cayó con suma facilidad en una campaña de tres meses en 533. Luego fue el turno de los ostrogodos cuando los bizantinos deciden intervenir en Italia (536), sin embargo la lucha durará mucho más esta vez, ya que recién en 552 muere en batalla cerca de Nápoles el último rey ostrogodo, Teyas. Por último, es el reino de los visigodos los que tienen que enfrentarse a los ejércitos imparables de Bizancio, aunque en este caso no tuvieron la suerte anterior, o bien la capacidad de resistencia visigoda fue mayor. Lo cierto es que la intervención de las fuerzas de Justiniano comienza aproximadamente hacia el 553 logró unir a los invasores germanos en su contra. Los visigodos fueron recurando lentamente los territorios anexados por Bizancio e incluso sometieron a los suevos de Galicia. Hacia el 630 expulsaron definitivamente a los bizantinos de la península Ibérica.

En la próxima entrega analizaré economía, política y cultura de este período hasta arribar a las grandes teorías explicativas, por último intentaré una explicación integral desde la Interpretación Bélica para poder entender aquellos “años de oscuridad”, si es que los hubo…



[1] Bárbaro es un exónimo peyorativo que procede del griego y su traducción literal es "el que balbucea". Aunque los griegos empleaban el término para referirse a personas extranjeras, que no hablaban el griego y cuya lengua extranjera sonaba a sus oídos como un balbuceo incompresible u onomatopeya (bar-bar- similar a bla-bla-).
[2] Gensérico era además, rey de los alanos, grupos de pastores nómadas muy belicosos de origen iranio.
[3] Aquel que destituyó al último emperador romano, Rómulo Augústulo.
[4] Viene de allí la figura del “Merovingio”, un programa o virus francés en la película Matrix.

40. a- La Edad Oscura (Primera parte)


Mapa nº 2: Reinos Romano-Germánicos, siglo V



Mapa nº 3: Francia bajo las conquistas de los Merovingios.



Mapa nº 4: Conquistas de Justiniano.



sábado, 20 de marzo de 2010

28. ¿El comienzo de la Edad Media? (Tercera y última parte)


Cerramos con este artículo (al menos momentáneamente) el tema tratado en los artículos 10 (del 23 de septiembre) y 17 (del 22 de diciembre) y por fin nos acercamos a nuestra explicación. Hemos observado que analizar la llamada caída del imperio desde una sola variable es imposible. Si bien la decadencia interna, su economía en retroceso, su sociedad cosmopolita y poco comprometida, son importantes, hay que sobrevolar hacia otros aspectos. ¿Cómo resolver este dilema?


Ensayando mi perspectiva de análisis, el principio del fin puede ser marcado entre dos fechas emblemáticas y cercanas entre sí, ambas son importantes pero por motivos opuestos. La primera es el 357 de nuestra era, año de la victoria (la última en repercusión) del emperador Juliano en Argentorum sobre los alamanes, y que marca el fin de las campañas exitosas de los romanos. Años después las cosas serán muy diferentes, más de cincuenta tratados se van a concertar con las tribus fronterizas dentro de la guerra defensiva de la cual ya he hablado.

La otra fecha clave es el 378, año en que los visigodos aniquilan en Adrianópolis al ejército romano dirigido por el emperador Valente. En dicha batalla mueren el emperador y varios generales irremplazables, y queda abierto el camino al corazón del imperio de oriente y a su capital Constantinopla. El avance de los visigodos puede cortar la historia con el golpe de una espada…
La pregunta neurálgica sería ¿por qué no avanzaron entonces sobre Constantinopla? Pues bien, a los factores político, diplomático y militar hay que sumarles una buena pizca de “dinero” constante y sonante, que son en definitiva la mezcla infalible a la hora de salvar las papas.
Paradójicamente fue el Imperio de Occidente (supuestamente el más débil) el que se encargó de ayudar a sus compatriotas orientales, ya que el emperador occidental, Graciano, enviará al general Flavio Teodosio (luego Teodosio I el Grande) a detener la oleada invasora, cosa que cumplió a la perfección. Sin embargo la derrota de Adrianópolis, dejó un sabor de vulnerabilidad que se revivirá peor con el saqueo de Roma en el 410, y esto no es casualidad, son nuevamente los visigodos, al mando de Alarico I (quien luego de saquear los Balcanes será reconocido como “Magister Militum” de Iliria) dada su cercanía con Occidente, rozarán constantemente con sus vecinos y llevarán la antorcha por las calles de la gran “ciudad eterna”.
La clave está entonces en Adrianópolis y sus consecuencias. Luego de tal batalla ya nada será lo mismo, ni para los romanos ni para los bárbaros. Los visigodos fueron concientes de la fuerza que poseían y de que podían avanzar cuando quisiesen. Comenzaron a extorsionar de forma constante a los romanos, y si bien Teodosio los obligó a firmar un pacto como “foederati” en el 382, en poco tiempo, su rey Alarico saqueará las tierras balcánicas llegando a entrar en la mismísima Atenas. Fue también en parte, la política de Teodosio cediendo a los visigodos a las tierras fronterizas con occidente en Iliria y al enfrentamiento con occidente las que llevaron al saqueo de Roma. He aquí la mezcla de política y estrategia militar.
Por otro lado, luego de la batalla y con la masacre de los romanos, resultó imposible recuperar el número de soldados y oficiales perdidos, y esto llevó a la necesidad de reestructurar el ejército, el clásico sistema de legiones fue abandonado definitivamente.
Los cambios de hacer la guerra son concluyentes para dar paso al período medieval; el ejército romano adquirió el sistema limitanei dividiéndose en guardias fronterizos que estaban constituidos por bárbaros federados. Estas unidades pequeñas eran dirigidas por un “dux” o duque que a la larga actuarán también como gobernadores de alguna zona fronteriza desde una fortaleza. Este modo de guerra será llevado por Teodosio a Occidente cuando unifique el imperio, contando con un ejército móvil conocido como comitatenses, ya mencionado.
La realidad va a demostrar que estos sistemas devendrán hacia el fin del imperio y al embrión del futuro sistema feudal. Los poderes regionales y los señoríos derivados de las villae romanas confluyen para darle vida al nuevo orden que se está gestando.
Pero Adrianópolis también demostró, que la caballería era de suma eficacia en batalla, el aumento del número de efectivos montados en detrimento de la infantería, será una característica de los ejércitos del período. Estas unidades de caballería, integradas por combatientes armados con espada larga y lanza, serán los precursores de los caballeros medievales.
Por último, ante el caos que produjo el paso de los godos luego de Adrianópolis la frontera danubiana quedó expuesta a los “hunos”, que bajo Atila llevarán a la máxima expresión las políticas de saqueo y extorsión acelerando el fin del sistema estatal de Occidente.
Conclusiones finales:
Se puede observar entonces que la caída del Imperio Romano de Occidente desde la “Interpretación bélica” fue producto de una debilidad militar "por adentro y por afuera” de su estructura, que bien pudo ser compartida por Oriente, (queda demostrado que en este último caso, sólo el poder del dinero y su efectiva diplomacia, y no su presunta fortaleza, son los factores que lo salvaron de correr la misma suerte).
Por otro lado, los llamados bárbaros a esas alturas conocían muy bien las formas de combate romano, sus tácticas y armas. Ocupaban los principales puestos del ejército e incluso eran mayoría en el mismo. De este modo se desmitifica la idea de masas embrutecidas que sólo deseaban saquear todo a su paso (esto no significa que fuera un avance pacífico). Lo cierto es que impulsados por la búsqueda de nuevas tierras y el deseo de vivir en las confortables condiciones romanas no tenían mayor alternativa, o avanzar o perecer de hambre o a manos de otros pueblos nómades. Sus tácticas eran de una organización sencilla pero muy efectiva y contundente en donde la caballería acorazada en algunos casos o los arqueros montados en otros barrieron fácilmente a sus enemigos. Su intención en última instancia no era destruir, tanto visigodos, ostrogodos, burgundios o francos se instalaron en las tierras romanas y terminaron asimilándose en buena medida a las costumbres de sus vencidos (aunque pervivieron muchas costumbres germánicas). No es casual que se constituyeran luego como “Reinos Romanos- Germánicos” adquiriendo la religión cristiana y buscando el reconocimiento del emperador de Oriente. De estas bases nacerá luego el Imperio Carolingio, que intentará revivir en gran medida al viejo Imperio Romano de Occidente.
Pero esa es otra historia…



Imagen 1: Batalla de Adrianópolis (378 d. C.)

28. a- ¿El comienzo de la Edad Media? (Tercera y última parte)


Imagen 2: Se observa la lucha entre legionerios romanos contra partos y persas sasánidas en el 260 d. C.



Imagen 3: Batalla de los Campos Catalúnicos o de Chalons 
(451 d. C.)

martes, 22 de diciembre de 2009

17. ¿El comienzo de la Edad Media? (Segunda Parte)


Aquí retomamos el tema iniciado en otro artículo de Historia (artículo 10, del 23 de septiembre), en la búsqueda de respuestas de cómo termina el Imperium Romanum Christianum de Occidente en poder de los “bárbaros”. Este hito, que para la historiografía clásica, marca el comienzo de la Edad Media, y que para nosotros es más una continuidad (en ciertos aspectos) que el final de una era, tiene una difícil explicación dada la multiplicidad de factores o variables que intervienen.

Hemos analizado las dos respuestas históricas más comunes al respecto, la “decadencia interna”, que como un tumor destruye sus cimientos; y el agresor “externo” imparable, que aniquila de un solo golpe mortal a toda la estructura imperial.
Pudimos observar que tales sistemas explicativos no pueden cerrarse como forma unívoca de análisis, y esto a su vez nos lleva a ensayar lo que nosotros llamamos una “Interpretación Bélica” del asunto.
Dejamos planteados ciertos interrogantes que no pueden salvarse sin acercar la lupa: uno de ellos fue ¿Cómo tribus bárbaras acabaron por superar al imperio más poderoso de la antigüedad?
Una explicación a priori es observar los cambios en sus formas de encarar las agresiones del período estudiado. El imperio Romano había pasado de una táctica de ataque en guerras expansivas, a una táctica de defensa fronteriza con bastante efectividad (al menos en un principio). Hacia el siglo III después de Cristo, Roma venía de soportar más de doscientos años de enfrentamientos contra pequeños grupos tribales germánicos en clara superioridad. Si bien existían precedentes de derrotas catastróficas en sus mejores tiempos (no hay que olvidar el fin de casi 20.000 hombres al mando del general Varo en los bosques de Teutoburgo, contra los germanos, en época de Augusto) el imperio siempre recuperó sus fuerzas ante sus oponentes.
Una cuestión que resulta un poco extraña es que sucumbiera occidente y no el imperio de oriente, teniendo en cuenta que es este último el que debe enfrentar a formaciones estatales sólidas (el reino parto primero y los persas Sasánidas después).
Ejemplo y precedente de dicho enfrentamiento es la desastrosa campaña de Marco Licinio Craso contra los partos en el 53 a. C. que terminó con su vida y la de sus soldados cerca del Éufrates (de dicha derrota deviene la frase “Craso error”). La situación empeoró todavía más cuando en el año 224 de nuestra era, una revolución en el reino parto ubicó en el trono al jefe de la familia imperial de los Sasánidas, Ardasir I (Artajerjes), familia que aspiraba a recuperar los territorios del antiguo Imperio Persa (Asia Menor, Siria y Egipto). Esta aspiración los enfrentaría a Roma en una lucha que se verá sazonada por la superioridad militar de los persas, quienes poseían el arma más moderna del período, “la caballería pesada acorazada”.
Roma sufrirá varias derrotas sobre todo bajo el reinado del emperador Valeriano (253-260), quien tiene el desdichado honor de ser el primer emperador romano en caer prisionero de sus enemigos (según cuentan, aunque las fuentes son contradictorias, fue obligado a tragar oro fundido y muerto a manos del rey persa Sapor I).
Sin embargo, un proceso de “estabilización” se irá produciendo a partir de los gobiernos de Claudio Gótico, Aureliano, Probo y Caro.
Es con Diocleciano que se sientan las bases sólidas de recuperación de Roma. En el año 293 crea el sistema de tetrarquía con el fin de neutralizar conflictos de pretendientes, divide el imperio en Oriente y Occidente con los cargos de Augustos y Césares en ambos. Cada uno es sucesor del otro. Siempre sabios, los romanos copiarán a su vez a la caballería pesada persa incluyéndola como fuerza de choque en su ejército.
Pero como dice la frase “una cal y una de arena”, un punto en contra en lo militar es la profundización del proceso de “barbarización” del ejército, es decir, la incorporación de germanos y partos, por ejemplo, en sus tropas. Lentamente estos bárbaros, llegarán a ocupar puestos claves de mando (vedados en un principio) de las legiones. Por esta época también, en determinados sectores limítrofes las fuerzas defensivas estarán integradas exclusivamente por aborígenes; e incluso las otras tropas que acompañan al emperador (exercitus comitatensis) o ejército de campaña a caballo, estará compuesto en este período sobretodo por germanos.
Todos estos soldados (guarniciones y ejército) se encontraban al mando de los Magistri militium. Este último puesto terminará también en manos de bárbaros en muy poco tiempo, (el vándalo Estilicón, o el mismísimo jefe de los hérulos Odoacro, quien en el 476 destronó al último emperador Rómulo Augústulo, son la mejor prueba de ello).
Estamos pues al borde de nuestra explicación…

Continuará…

En la figura se observa el enfrentamiento en los bosques de Teutoburgo

17. a - ¿El comienzo de la Edad Media?


En el dibujo se puede observar a guerreros germanos asaltando un fortín romano.



miércoles, 23 de septiembre de 2009

10. ¿El comienzo de la Edad Media? (Primera Parte)


Muchos aprendimos de memoria aquella historia de la Historia en que el fin del Imperio Romano de Occidente es el hito que marca el comienzo de la Edad Media. Esta cuestión es ya de por sí arbitraria, es lo mismo que asegurar que la lluvia termina justo en la esquina de casa, y así nada más, de la noche a la mañana se produce un cambio absoluto.
Dividir a la historia en compartimientos estancos y englobar a “mil años” como un período “Inter - Medio” una época de paso cuya importancia deriva en ser un puente entre dos edades fuertes, es un grave error.
Mucho de esto (por suerte) ha sido revisado o al menos criticado. Hoy sabemos que la Alta Edad Media (entre los siglos VI y XI) puede ser pensada también como Antigüedad Tardía dado las continuidades más cercanas a un mundo antiguo esclavista que al Modo de Producción Feudal (al margen de la tesis de Pierre Dockés[1]).
El aspecto que aquí nos interesa se relaciona con analizar el inicio de esta “Edad Puente”, la caída del Imperio Romano. Cuando hablamos de este período, florido en invasiones y crisis nos imaginamos el fin de una era y la llegada de la “Edad Oscura”; el retroceso de la palabra escrita ante la barbarie destructora y un mundo de luz azotado por arrolladoras fuerzas salvajes, en resumen, un panorama desolador que ha quedado grabado en nuestras mentes. Esto nos llena de preguntas: ¿Fue en realidad el año 476 el fin del imperio y el de una era de luces? ¿Los bárbaros destruyeron todo a su paso como un vendaval imparable? ¿Cómo es posible que un poderoso imperio, resultado de una de las civilizaciones más avanzadas de todos los tiempos, fuera presa de bandas saqueadoras casi sin organización y desapareciera así nada más? Y si no es así ¿cuáles fueron entonces las verdaderas causas de su fin?
Empecemos... La caída del Imperium Romanum Christianum no debe ser pensada como el fin o el comienzo de una era, si bien significó cambios, estos se venían anunciando ya desde un par de siglos antes. Entre los años 235 y 284, Roma había sorteado una anarquía militar en donde tres docenas de emperadores-soldados gobernaron (a un promedio de dos años y medio cada uno) y donde casi todos terminaron sus días por muerte violenta. Las legiones resultaron ser preponderantes a la hora de “hacer política”, convirtiéndose en el fundamento absoluto del poder. Incluso muchos generales llegaron a independizar provincias enteras por la fuerza de sus tropas, un ejemplo es el de la Galia, que entre el 259 y el 274 fue regida por Póstumo y Tétrico (quienes con esos nombres obviamente no terminaron muy bien). La militarización del poder tuvo un efecto contundente en la debilidad de los emperadores. Pero Roma, aun así se recuperó de inmediato e incluso volvió a unificarse y a brillar bajo los emperadores Constantino y Teodosio.
Muchos investigadores piensan que el fin del imperio estuvo relacionado más a cuestiones económicas y sociales que a las militares. El imperio occidental era el más débil, con su posición de proveedor de materias primas y como consumidor de productos que provenían del rico Imperio Romano de Oriente. Por otro lado, a nivel poblacional en Oriente se concentraba una mayor densidad de habitantes (sólo en Egipto vivía una octava parte del total de la población del imperio). A esto hay que sumarle una capacidad productiva y una fertilidad del suelo más baja en Occidente, además de una crisis financiera del estado (el problema para nada nuevo del déficit fiscal). Habría que agregar una sociedad que ya no aceptaba la idea del servicio obligatorio por una marcada falta de lealtad (sobre todo en los estratos bajos, los más maltratados y punzados por tributos ). Así surge la interpretación de la “descomposición interna” de M. Rostovzev en que las invasiones bárbaras fueron las simples ejecutoras de un destino que ya estaba decidido mucho antes en su decadencia. Esta visión del “liberalismo doctrinario” de la historia, que culpa al sistema económico “estatal” romano, es peligrosamente falsa. El Imperio Romano de Occidente, con todas las dificultades y debilidades, no estaba vencido, y si bien su aparato estatal cayó estrepitosamente ante las invasiones, está comprobado que podría haber resistido mucho tiempo más. Un buen ejemplo son los mil años que duró luego el Imperio Romano de Oriente (según los estudios más recientes de economía histórica, las diferencias entre Oriente y Occidente, no son lo suficientemente marcadas para explicar el fin de este último).
La otra interpretación del fin de Roma que nos queda, es la que sostiene que este imperio capaz de funcionar y vivir, fue destruido por una fuerza externa, tal es el caso de las invasiones bárbaras. Uno de los defenderos acérrimos de esta postura, André Piganiol escribía que “Es completamente falso decir que Roma se hallase en aquel tiempo en el ocaso (…). El mundo romano no ha caído por muerte natural, ha sido asesinado”.
Aquí entramos en el debate militar, pues sabemos que el ejército romano fue la máquina de guerra por excelencia de la antigüedad. Su número esta estimado entre los 300 o 400 mil hombres, una cifra importante, aunque debemos pensar que estaban distribuidos por toda la línea fronteriza. Este hecho es compensado por una mejor preparación y organización, lo mismo que la ventaja estratégica de la defensa en fortalezas y murallas (se necesitan diez veces más soldados para atacar un reducto que para defenderlo), con una amplia red de comunicaciones y suministros. La imagen que se tiene, en cambio, de las tácticas de los pueblos germanos (Godos, Vándalos, francos, Burgundios, Lombardos, Alamanes, Suevos, Hérulos) e incluso de los Hunos, es de sencillas correrías de saqueo.
¿Cómo vencieron entonces los bárbaros?
Nos acercamos una vez más a una “interpretación bélica de la historia”
Continuará...
[1] Este investigador francés sostiene en su excelente libro “La liberación medieval” que en la Alta Edad Media se va perfilando un Modo de Producción Feudal primario que será reemplazado por el definitivo luego del siglo XI. Su hipótesis fue rebatida por varios importantes estudiosos en la materia como George Duby, Pierre Bonnassié y Gui Bois.

10. a- ¿El comienzo de la Edad Media?


En la imagen guerreros germanos del siglo V de nuestra era. Un jefe tribal es acompañado por su portaestandarte y su séquito de infantería. (nótese en la mano izquierda del jefe un casco aparentemente romano)

jueves, 20 de agosto de 2009

5. La Interpretación Bélica de la Historia


Inauguro con este artículo una etiqueta que es para mi muy importante: “Historia”, y esto se debe a dos motivos específicos. El primero es de nacimiento, ya que desde que tengo uso de razón he sentido un amor incondicional por tal ciencia; y el segundo es de formación, puesto que luego de muchos años he logrado que ese amor se convierta en mi profesión.

Así pues, a partir de esta etiqueta publicaré distintos artículos relacionados con la historia (sobre todo medieval) tratando de no privarme de nada, escarbando en cuestiones tanto de “metahistoria” como de divulgación científica.

Sin embargo, antes de que comience, debo aclarar algo que es vital, y es la mirada general, filosófica y por qué no subjetiva, que voy a tener de los temas a tocar. Postulo aquí una idea que no es mía, pero que condensa buena parte de mi “punto de enunciación”. Ya hace tiempo el filósofo español Ortega y Gasset expuso una “interpretación bélica” de la Historia en contrapunto a la clásica “interpretación económica-marxista”. En este sentido, vale la pena aclarar que el “motor histórico” en común sigue siendo “la lucha”, pero en la interpretación bélica, el hombre es un mero instrumento.

Mi objetivo será estudiar la historia de la humanidad en el desarrollo de sus armamentos (como ha sugerido alguna vez el reconocido sociólogo ruso-americano Pitirim Sorokin ) de sus guerras, y en sus cambios y permanencias producto del constante devenir de nuestra sociedad, en gran medida violenta.

Poco o nada se ha profundizado en el tema, por lo tanto me veo en la obligación de aclarar el concepto de lo que yo llamo la “dinámica de la violencia” que impulsa (junto con muchas otras variables) a los seres humanos y a su historia. Un ejemplo de esta perspectiva de explicación puede ser la siguiente: siempre se ha sostenido que las fuerzas armadas (en todas sus formas y épocas) han sido la gran herramienta del Estado[1] para imponer coerción, disciplinando a las masas, asegurando el dominio de “clase” y protegiendo incluso su supervivencia ante un agresor externo. Podemos pensar que una es la consecuencia de la otra. Pero qué sucedería si invirtiéramos la ecuación y sostuviéramos que fueron las fuerzas armadas[2] las que constituyeron al Estado. He aquí una interpretación bélica de la historia. En sociedades primitivas los grupos, bandas o tribus no necesitaban de una organización política compleja, dado el estado de libertad absoluta que poseían, pero al extender su dominio sobre algún territorio de caza superando bélicamente a otros grupos competidores o en defensa del mismo activaron en consecuencia la necesidad de organizarse en un poder cada vez más centralizado, construyendo sistemas de seguridad más sofisticados (murallas o parapetos) o concentrando los insumos necesarios (alimentos, armas) para sostener logísticamente a grupos armados de protección.


Otra resultante de este tipo de explicación es la evolución del ejército romano que fue adquiriendo en forma constante toda arma o táctica que pudiera darle la victoria contra sus enemigos (aprendiendo de aquellos mismos), tales como la sustitución del gladius por la spatha ibérica, la incorporación de sistemas de defensa cerrados de infantería, similares a las falanges griegas pero mucho más independientes entre sí. Los romanos también se lanzaron al mar para enfrentar a los barcos cartagineses pero a sus trirremes les incorporaron puentes para abordar a otros barcos...

Podemos seguir con más ejemplos, pero no es la intención de este artículo. Sólo resta aclarar que no busco volver a la historia fáctica de los grandes hombres, el Estado y las batallas, aunque sí recuperar muchas de las epopeyas y personajes que hicieron mella en la historia para entender mejor su contribución al avance y desarrollo de la misma.
Espero fervientemente poder lograr mis objetivos.


[1] Cuando hablo de Estado lo pienso en un sentido muy amplio del concepto, teniendo en cuenta su metamorfosis continua a lo largo de la Historia.
[2] Pensemos el término no en las actuales circunstancias, sino más bien de un modo general, como todo grupo armado con objetivos comunes.
(Fotografía: Herodoto, "Padre de la Historia")